Al pasar por el costado norte del Parque Bolívar es imposible no admirar el mayor templo católico de la ciudad: la Catedral Metropolitana, que con su 1’120.000 ladrillos macizos se muestra imponente, y a pesar de que después de haber sido la construcción más alta del territorio está ya rodeada por edificios que la superan, mantiene la dignidad de una obra que por su historia y grandeza sigue siendo mayor. 

No es de extrañarse que una edificación de estas dimensiones tardara decenios en ser construida. Su diseño, obra del reconocido arquitecto Charles Carré fue llevado a construcción en 1890, y finalizado más de 40 años después, en 1931, logrando superar los retos que el arquitecto se había planteado, como la construcción de una obra con arcos de dimensiones que desafiaban al equipo constructor.

Foto: Arquidiócesis de Medellín

Foto: Arquidiócesis de Medellín

Los visitantes del parque suelen contemplar el templo desde fuera, deteniéndose unos minutos antes de continuar su camino. Muchos se encuentran con sus puertas cerradas y no pueden más que imaginarse el espacio que se esconde en el interior de la catedral, sin embargo, cuando en las mañanas sus puertas se abren para ofrecer la Santa Misa, algunos religiosos y otros curiosos se atreven a descubrir lo que hay allí dentro.

Pasado el umbral, el templo se descubre y enseña algunos de las maravillas que alberga: esculturas, vitrales y pinturas son parte del arte religioso que decora un recinto único en la ciudad. Apenas visible, en el balcón, se puede avistar el órgano traído desde Alemania en 1933, el instrumento de su tipo más grande en Colombia, y con un valor especial para los alemanes, quienes lo declararon patrimonio nacional debido a que es uno de los pocos que sobrevivieron la Segunda Guerra Mundial, conservando sus características originales.

 

La Catedral Metropolitana de Medellín fue inaugurada en 1931 como el templo mayor y sede del Arzobispo de la ciudad. En 1982 fue declarada monumento nacional. Esta edificación es una de las construcciones en ladrillo macizo más grandes del mundo.

Otras maravillas se mantienen ocultas: una colección de arte religioso en la que se cuentan aproximadamente 40 obras pictóricas y 15 obras escultóricas de los siglos XVII, XVIII y XIX, mantiene sus puertas cerradas al público en una de las salas; y hasta las cenizas de Tomás Carrasquilla descansan en uno de los osarios que resguarda el templo.

Las mañanas son el mejor momento del día para visitar la Basílica y encontrarse con sus puertas abiertas, encantarse con la música interpretada en el órgano de la Catedral y dejarse conmover por la inmensidad de los espacios, una experiencia que cada ciudadano y visitante de la capital antioqueña debería permitirse vivir.