Doña Lola falleció hace unos años, después de haber alcanzado un centenio, tiempo durante el cual  fue cliente fiel y testigo de la historia de la Cafetería Lucas, de la que hoy les venimos a contar.

Hace más de 40 años, por allá a finales de los años 70, don Aníbal Palacio, taxista que entre sus clientes tenía a Los Barrientos (los mismos de la casa Barrientos) y que en sus tiempos de descanso compartía con sus colegas un “perico” en la salsamentaria ubicada frente al acopio de taxis que entonces quedaba en la Avenida La Playa, un día le solicitó al Doctor Mesa, el propietario del local, que le vendiera el negocio. No fue inmediato, pero finalmente el Doctor Mesa aceptó un pago mensual de 10 000 pesos y entregó el local que se había instaurado en el garaje de su casa, a Don Aníbal y su esposa. Doña Rocío fue quien dedicó sus años a la entonces Salsamentaria Aníbal, en donde ubicó un altar con el Sagrado Corazón de Jesús que a día de hoy aún resguarda el local...

Era la época en la que se construyó el Edificio Vicente Uribe Rendón, en la esquina de la Avenida Oriental con La Playa, y Doña Rocío se encargó de calentar las cocas de los trabajadores y ofrecer pepinos rellenos, tortas de pescado y demás delicias que les alimentara. La Salsamentaria se fue transformando, y en su proceso, en los años 80, recibió a Doña Consuelo, quien fue contratada para acompañar a Doña Rocío en la cocina y aprender de ella y sus recetas.

El nombre del local fue mutando, cambiando de adjetivo por Cafetería y de Sustantivo por Lucas. El primero como consecuencia de su transformación y el segundo aún un misterio.

Doña Rocío falleció y su hijo Juan Guillermo heredó el negocio, que hasta fecha de hoy administra con su esposa, Luisa Fernanda, y con la ayuda en la cocina de Doña Consuelo quien se jubilará en unos pocos años como lo prometió en su momento Doña Rocío. Hoy en día son tres empleadas, todas mujeres trabajadoras, además de Juan Guillermo y Luisa Fernanda quienes atienden la Cafetería Lucas, aunque la gente la siga llamando “La Cafetería de Doña Rocío”, y siguen ofreciendo los tradicionales pepinos rellenos, las tortas de pescado y otras delicias…

La ciudad se ha transformado y así lo ha hecho la Cafetería, que para sobrevivir se actualiza constantemente. Uno de los temas en los que Luisa Fernanda busca estar al día es el de las normativas en salud, necesarias en cualquier establecimiento de comercialización de alimentos y obligatorias debido a sus repercusiones sobre la ciudadanía. Para mantenerse al día y gracias al apoyo que le brinda la Alcaldía de Medellín, Luisa Fernanda asiste regularmente a las capacitaciones dirigidas por la Secretaría de Salud en articulación con la Gerencia del Centro, en donde se preparan para cualificar su negocio, mejorar la presentación y el servicio, además de prepararles para cuando la administración municipal les haga control. Entre el 2018 y el 2019 se han capacitado más de 60 comerciantes.

En estos encuentros, además de actualizarse sobre almacenamiento de alimentos y contaminación cruzada, enfermedades transmitidas por alimentos y microorganismos, manejo de residuos sólidos y riesgos para la salud, y normativa sanitaria, Luisa ha aprendido sobre sus derechos y deberes como ciudadana y comerciante, canales de participación ciudadana y sobre las oportunidades que la Alcaldía le pone a disposición.

Esperamos que durante muchos años podamos seguir encontrando la Cafetería Lucas en nuestro paso por La Playa.