A solo unos pasos de la Plaza Botero en el Centro de Medellín, rodeada de árboles, edificios, restos arqueológicos y habitantes de la ciudad, se encuentra la Iglesia de la Veracruz: Una de las primeras que tuvo Medellín

Al llegar a la Iglesia de la Veracruz, sus visitantes se encontrarán en una plazoleta en la que lo diverso del Centro de la ciudad se muestra en cada escena: 

Hombres y mujeres entran en silencio al templo, con cabeza gacha, pasando al lado de prostitutas y habitantes de calle, mientras a unos metros de ellos, un grupo de turistas son recibidos con alegría por todo tipo de vendedores de fruta y artículos locales como sombreros y ruanas. Algunos se detienen a leer la historia del alcantarillado antiguo hallado en el 2018 y dejado a la vista de la ciudad, como un acto de reconocimiento de un pasado no tan lejano, pero sí muy olvidado; y otros admiran el conjunto, observando los árboles, disfrutando del clima, admirando la escultura “mujer” del maestro Fernando Botero, y mirando con curiosidad esa Iglesia blanca, rodeada de columnas antiguas, que es reconocida como uno de los lugares a visitar en el Centro de Medellín.

La Iglesia que vemos hoy es su segunda versión, puesto que, en 1791, a 79 años de su construcción, amenazaba con caerse, por lo que decidieron demolerla y reedificarla inaugurándola nuevamente en 1803.

D

Dicen que para esta inauguración Don José Peinado Ruiz, quien había invertido su dinero en la reedificación de la obra, la hizo decorar con claveles, rosas y lirios traídos de Rionegro, y regó todo el piso de la iglesia con agua de colonia.

Han sido varias las atenciones que se le han hecho a la Iglesia. En 1968 fue remodelada la plazuela en la que está ubicada. Allí se instalaron columnas con estilo antiguo, y la primera pila de bronce que tuvo Medellín. En 1976, el párroco decoró con oro todos los altares y retocó cada una de las imágenes.

Anteriormente la fachada de la iglesia dejaba ver el ladrillo con el que fue construida, sin embargo, tras ser declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 1982, la Fundación Ferrocarril de Antioquia la restauró y pintó su fachada de blanco. 

El pasado y el presente respiran juntos en este espacio del Centro de Medellín, que se recomienda disfrutar de día mientras se prueba una fruta fresca en una tarde de turismo, ya sea usted local o extranjero.